Soy el autodidáctico neto, y el autodidacto es grande únicamente si consigue madurarse y formarse. Soy el enciclopédico, el hombre de los manuales y de los diccionarios, y el enciclopédico es maravilloso cuando sabe ligar con los anillos de hierro de las ideas madres los haces marchitos y sin flores de los hechos regados aquí y allí por las librerías.
Puedo deslumbrar a más de uno con la bibliografía; puedo sostener conversaciones docentes, incluso con especialistas. Pero pasados cinco minutos o cinco días héteme a secas; mi panera está vacía. Tengo muchos sacos en mi casa, pero ninguno a la medida.
Adondequiera que me vuelva no soy un profano, mas tampoco un iniciado. No tengo sitial reconocido en las reuniones de los doctores, y no llevo carteles en la frente. Soy un desarraigado que puede estar en cualquier parte mientras no lo echen.
Judío errante del saber, no me he detenido en país alguno, no he tomado domicilio estable en ninguna ciudad. Perseguido por el demonio de la curiosidad he explorado ríos y bosques sin designio y sin paciencia, de paso, al vuelo. Tengo muchas reminiscencias, pero pocos fundamentos. Soy como un rey que posee un gran imperio compuesto de mapas. Lo he empezado todo y no he concluido nada. Apenas emprendido un camino, he vuelto por la primera travesía abierta a mi derecha o a mi izquierda, y de ésta, por los atajos, he ido a dar a los senderos y por los senderos a otra carretera.
Cuando alguien se maravilla de mi saber, de mi erudición, me entran ganas de reír. Yo sólo sé los vacíos espantosos que hay en mi cerebro. Yo solo, que he querido saberlo todo, sé cuán próximos están los confines de mi ciencia.
Las hazañas de la antigüedad, las lenguas muertas de las grandes naciones, las ciencias de la luz, del movimiento, de la vida, me están casi cerradas. Conozco el vocabulario y algún párrafo, tengo una idea del conjunto, y no sé andar con mis piernas. Soy ignorante, desmesurada e incurablemente ignorante. Y lo peor es que mi ignorancia no es la pura natural del hombre de los bosques y de los campos, que puede ir unida a la frescura, a la paz e incluso a una cierta ingeniosidad.
No; yo soy un ignorante que se ha revolcado entre libros; soy un ratón de biblioteca; soy el que ha aprendido tanto, que ha perdido la espontaneidad sin adquirir sabiduría.
GIOVANNI PAPINI
domingo, 27 de abril de 2008
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